LA UTILIDAD DE LO
INÚTIL. NUCCIO ORDINE
PRIMERA
PARTE. LA ÚTIL INUTILIDAD DE LA LITERATURA.
5. DANTE Y
PETRARCA: LA LITERATURA NO DEBE SOMETERSE AL LUCRO
Sobre estos temas, por lo demás, se habían expresado ya con
claridad también algunos padres fundadores de la literatura occidental. Por
citar sólo un ilustre ejemplo, Dante condena en el Convite a aquellos
pseudo-literatos que no «adquieren las letras para su uso» sino sólo para
servirse de ellas con ánimo de lucro:
"Y
como reproche de ellos afirmo que no deben ser llamados letrados, porque no
adquieren las letras para
su uso, sino para ganar dineros o dignidades con ellas; de la misma manera que
no debe ser
llamado citarista quien tiene la cítara en casa para prestarla a cambio de
dinero y no para usarla
tocando."
Las «letras», por lo tanto, nada tienen que ver con fines
utilitaristas e indignos ligados a la acumulación de dinero. El mismo Petrarca
consagra al amor desinteresado a la sabiduría una serie de reflexiones en prosa
y en verso, orientadas a denunciar el desprecio de la «turba» extraviada que
sólo vive para amasar riquezas:
Pobre y desnuda vas, filosofía,
dice la turba atenta al vil negocio.
En este célebre soneto del Cancionero, el poeta anima
a un ilustre amigo suyo a no abandonar la «empresa magnánima» de componer
obras, aunque la dura fatiga vaya a ser recompensada, en el mejor de los casos,
tan sólo con la noble gloria del mirto y el laurel:
La gula, el sueño, y las ociosas plumas
toda virtud del mundo han desterrado,
y así nuestra natura perdió casi su camino
vencida en la costumbre;
y está tan apagado el buen influjo
del cielo, que lo humano configura,
que por cosa admirable se señala
quien quiere de Helicón que nazca un río.
¿Qué anhelo de laurel? ¿Y cuál de mirto?
Pobre y desnuda vas, filosofía,
dice la turba atenta al vil negocio.
A pocos hallarás por la otra senda,
por lo cual, alma noble, más te pido
que tu empresa magnánima no dejes.
"Y
como reproche de ellos afirmo que no deben ser llamados letrados, porque no adquieren las letras para su uso, sino para
ganar dineros o dignidades con ellas; de la misma
manera que no debe ser llamado citarista quien tiene la cítara en casa para prestarla a cambio de dinero y
no para usarla tocando."
Cuando
la productividad le gana terreno al afecto es entonces cuando debemos plantearnos
el problema. El utilitarismo, la sociedad tecnócrata, han penetrado en la
educación.
Se
está apuñalando la cultura, asfixiando la educación y entre tanto nosotros nos
estamos durmiendo. El conocimiento hace crecer a las personas y nos vuelve más
autónomas y conscientes, crea placer. El ser humano es curioso por naturaleza y
la enseñanza debería ser un modo de seducción, amor por el conocimiento, no por
el valor del producto; belleza intelectual, estimulando y entusiasmando a los
estudiantes, despertándoles pasiones. La
sociedad invierte en un producto y espera su máximo resultado acompañado del
mayor beneficio; Montaigne decía, “es el
gozar, no el poseer, lo que nos hace". Cuando se cree que se invierte
demasiado en educación existe un problema, cuando se recortan las actividades
culturales ocurre una catástrofe. Ordine escribe en este libro, "en las
épocas de crisis hay que doblar el presupuesto para la cultura". Porque la ignorancia es miseria y pérdida de
patrimonio.
Parece que el único estudio válido es el científico o
técnico, porque es el que los "incultos" no son capaces de hacer; el
estudio no tiene que tener un fin particular o concreto que se pueda
contabilizar, el estudio no tiene fin, porque es un enriquecimiento personal y
eso es lo que debería primar. Disuadir a los estudiantes adulterando su
capacidad de elección para que no realicen carreras sin recompensas o ganancias
inmediatas es repulsivo. Es horrible crear la necesidad del triunfo en alguien,
imponiéndole un trabajo, ocupaciones y negocios, solo para obtener riqueza y
lujo no es sano. No se puede matar el placer que crea la necesidad por
experimentar algo, un gusto desinteresado, movido solo por la libertad de los
sentidos. Como dice Ordine en una entrevista en El País, "la barbarie de lo útil,
que ha llegado a corromper nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más
íntimos”.
Actualmente estamos educados para sentir mayor interés hacia
cosas con fines técnicos e inmediatos, que en cosas esenciales que nos hacen
falta, prisioneros de la falsa necesidad, convertidos en robots autómatas,
apurados sin mirar, sin sentir lo que nos rodea. Parece que es más sencillo no
pensar, porque crea demasiado esfuerzo, hacerlo natural, "así es la
vida", no ver la decadencia.
No entiendo el sentido en "aprender" algo que
tuviste que repetir hasta grabar y pasar para al rato olvidar. Pero, ¿qué pasa
si fracasa?, nunca te han preparado para esa meta, porque no hemos aprendido
todos los valores de verdad, estamos demasiado aferrados al poseer, el fracaso
no es inútil y el riesgo tampoco.
Victor Hugo, pronunció en la Asamblea constituyente el 10 de
noviembre de 1848: "Un artista, un
poeta, un escritor célebre trabaja toda la vida, trabaja sin pensar en
enriquecerse, muere y deja a su país mucha gloria con la sola condición de que
se proporcione a su viuda e hijos un poco de pan."